Pelea por lo que quieres.

Hay algo que quiero, no siempre lo he querido, pero ahora lo quiero, lo necesito y he planificado una parte de mi vida en función de obtenerlo, así que tengo que tenerlo. Lo deseo.

Cuando quiero algo, se abren dos puertas ante mí: puede ser que obtenga lo que quiero (y yo feliz) o puede ser que no pueda conseguirlo, incluso que no me dejen conseguirlo (y me sienta tremendamente desgraciado).

La balanza tiene dos lados y cuando uno de ellos nos parece la cosa más deseable del mundo, aparece el miedo. El miedo está ahí para llenarte la cabeza de dudas, está para poner el pie sobre la balanza e insinuar que, en lugar de dos opciones, sólo hay un objeto a alcanzar y que si no lo alcanzas, habrás perdido.

Tengo miedo de que me quiten lo que quiero, tengo un miedo de muerte.

En este mismo instante, en algún punto de la sabana, hay un león viejo observando un grupo de gacelas. Tiene hambre, mucha hambre y se ha convencido a si mismo de que debe comerse a una gacela joven, tierna y llena de vida. Puede que si no se la coma, acabe muriendo de inanición.

El miedo se instala entre los ojos del león, le hace anticipar el momento en el que salte sobre la gacela y esta se le escape. Se ve a sí mismo derrotado, hambriento y solo, viendo escapar a la manada, mientras espera que llegue su larga y última noche.

Sin embargo, algo en su instinto le hace darse cuenta de que la manada es grande y las posibilidades diversas, le hace ver a un centenar de gacelas, entre ellas la más joven y apetecible, pero también su plan B: una gacela vieja y mucho más fácil de capturar.

Complacido, con la convicción de que el fracaso no lo es tanto, comenzará a correr detrás de la manada, intentará atrapar a su gacela soñada con todas sus fuerzas y si no lo consigue, se girará y devorará a la más vieja. Estará convencido de degustar lo bueno de su plato sin pensar en lo maravilloso del perdido. Pensará que se está comiendo una puta gacela, aunque no sea la gacela que quería.

Tengo un miedo de muerte, pero cuando piense que si fracaso todo es malo, me giraré, cogeré la segunda opción y la cogeré con ganas. A menudo pensamos que el éxito lo es todo y que el fracaso supone el destierro a una pradera sin nada, pero no es así, todos los escenarios tienen algo de positivo si sabemos buscar una segunda opción.

Aprenderé de ella, disfrutaré con ella, viviré en ella. Haré a mi segunda opción una parte fundamental de mi vida, porque la próxima vez que corra esa carrera, joder, esa vez pienso comerme una gacela.

Iago González Pazos.

ESPERAR COLA

PD: Sigue sin gustarme el Coaching ni el mundillo de la motivación personal absurda, sin embargo, a veces, hasta yo me pongo las pilas.

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