La Falacia Clientelar

La lógica lleva más de 2000 años intentando identificar las falacias más usuales en los discursos. Ha logrado explicar porqué la vida personal de alguien no corrompe necesariamente sus ideas o aportaciones, por qué es falso que hay ciertas cosas que todos pensamos pero que nadie quiere decir, o porqué algunas conclusiones no se corresponden con los razonamientos o pruebas que se dan para apoyarlas. Como los filósofos son muy amigos de lo clásico, se han mantenido nombres como “Ad hominen,” “ad populum”, “ad verecundiam” o “non sequitor”.

Sin embargo, y como el Ministro Wert presume de traer la innovación a nuestro sistema, desde el gobierno nos llega una nueva falacia, que tengo el honor de describir y bautizar como la “Falacia Clientelar”. Esta falacia supone una serie de poderes para los clientes que van a comprar un producto, lo falaz  está en confundir a los clientes con sus responsables directos. El mejor ejemplo que existe de esto es la educación. La derecha basa muchos de los postulados de la LOMCE en la “Libertad de decidir” de los padres, es decir, en la libertad que los padres tienen de decidir que educación deben recibir sus hijos. Sin embargo este hecho es falaz, ya que los padres no son los clientes de la educación, los clientes son los hijos.

El argumento sería el siguiente: los padres pagan los impuestos con los que se garantiza la educación de sus hijos, los hijos son suyos y por tanto ellos son los únicos que pueden decidir cómo se les educa.

Sin embargo esto es falso, ningún padre es propietario de un hijo. Los padres tienen un derecho innegable a desear que su hijo o hija se convierta en un tipo determinado de persona. Pueden desear que su hijo asuma unos valores para enfrentarse a la vida y a la sociedad y deben intentar promoverlo. Al mismo tiempo, los padres tienen el deber de garantizar que su hijo o hija puede escoger la vida que prefiera, de una forma sana y equilibrada, teniendo acceso al buen consejo de sus padres.

Lo que esto quiere decir, es que los padres pueden educar a sus hijos como deseen siempre y cuando la educación se base en mostrar posibilidades y no en canalizar el pensamiento. De lo que se trata es de garantizar la salud psicológica y social de los hijos en el futuro.

Si los niños son los verdaderos clientes de la educación y cabe la posibilidad de que los padres, al elegir una educación u otra, eliminen valores positivos a aprender, hay un problema en el concepto de educación como mercado. El estado debe garantizar que todos los niños tienen acceso a una gran cantidad de contenidos, para así mejorar el proceso educativo y permitir que el niño se desarrolle de la forma más coherente consigo mismo.

 Se trata de garantizar que el niño come correctamente, conoce los diferentes tipos de alimentos y entiende que, para encontrarse sano, necesita mantener una alimentación equilibrada.

Resumidas ya las principales características de esta falacia solo me queda invitaros a buscarlas en discursos políticos, noticias y documentos legales por todo el país. Os animo además a que expliquéis a aquellos que caen en tan manido argumento que están siendo falaces. Para todo lo demás, la Retórica de Aristóteles.

Anuncios

¿Decías?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s