Manifiesto de lo gentoso

A nadie se le escapa que la palabra “gentil” y la palabra “gente” están unidas en lo más profundo de su significado. Son frutos de un árbol gramatical con la misma raíz (gens) y esto las convierte, de una u otra manera, en palabras hermanas. “Gentil” viene del vocablo latino “gentilis” que es, para los Judíos, aquel que profesa una religión, pero a mi me gusta decir, que su significado actual es el de “persona que agrada a la gente”

Sin embargo, a mi me gustaría introducir una nueva palabra en nuestro vocabulario, la palabra “gentosa/o”, “gentero/a” o “gentista”, cualquiera de las tres me vale y el futuro usuario debería elegir cualquiera de las tres dependiendo del contexto, sus preferencias o cualquier criterio que le parezca apropiado.

Vamos a profundizar un poco más en el uso de esta nueva palabra. Utilizaremos la palabra “gentosa/o” para referirnos a aquella persona que gusta de agradar a los demás y que pone en ello su esfuerzo. También lo utilizaremos para referirnos a aquella persona que no gusta de desagradar a los demás y por ello cambia sus palabras, sus chistes, sus aclaraciones, su forma de comportarse y poco a poco, sin darse apenas cuenta, su pensamiento.

Diremos que Ana es “gentosa” cuando ría un chiste de un compañero de trabajo por no crear un momento tenso. Diremos que Paco es “gentista” cuando da las gracias a una camarera que le ha atendido con una mala leche digna de Aída Nizar; y por supuesto, diremos que alguien es un “gentero” cuando vea como un niño tira un papel al suelo delante de sus padres, ninguno de los dos le regaña, y en lugar de decir algo se lo traga y se lo cuenta a su grupo de aburridos amigos, tomando unas cañas antes de coger el coche.

También diremos que un político es “gentoso” cuando ponga por delante la disciplina de su partido al cumplimiento de su deber como representante de la ciudadanía. Cuando conteste con evasivas a una pregunta directa por miedo a que otros tergiversen sus palabras; y sobretodo, diremos que un político es “gentista” cuando pida a otro político que se comporte de una forma “gentera” para no herir a un colectivo que se siente herido cada vez que alguien habla sobre el.

Pero además, si decidimos empezar a utilizar estas palabras, consideraremos muy “gentista” exigir la dimisión de un político por la filtración de una información personal; consideraremos muy “gentero” criticar a un político por ser duro, firme y rotundo en su forma de dirigirse a la oposición que defiende unas ideas contrarias a las suyas; consideraremos máximamente “gentoso” perder la esperanza de un mundo sin políticos “genteros, gentosos y gentistas” por el mero hecho de que hasta ahora no hemos pedido que dejen de serlo.

Quiero dejar claro que esta no es una lista de normas irrefutables para usar la palabra “gentero/a” ni “gentosa/” ni “gentista” y que por tanto, si alguien las utiliza de forma libre y personal, dotándola de un nuevo significado estará en su derecho. También quiero dejar claro que no habrá una cosa más “gentera” en el mundo que decirle a alguien como utilizar la palabra “gentosa” o “gentista”.

Utilizar estas palabras consiste en asumir que, por no herir a blancos ni a negros hemos llegado a un gris que no es capaz de dar color a ninguna de nuestras formas de pensar. Citando a Quino, nunca se ha tratado de herir la sensibilidad de alguien, si no de matar esa sensibilidad. Nunca se ha tratado de enseñar lo respetuoso del silencio, si no de enseñar lo respetuoso de aceptar la opinión ajena, dar la propia y dar por sentado que tenemos que ponernos de acuerdo.

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